Educar en la resolución de conflictos


Si consultamos el diccionario de la Real Academia de la Lengua veremos que la palabra “conflicto” tiene varias acepciones, a saber:

  1. Combate, lucha, pelea.
  2. Enfrentamiento armado.
  3. Apuro, situación desgraciada y de difícil salida.
  4. Problema cuestión o materia de discusión.
  5. Coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo capaces de generar angustia y trastornos neuróticos.
  6. Momento en el que la batalla es más dura y violenta.
  7. En las relaciones laborales el que enfrenta a los representantes de los trabajadores con los representantes de los empresario

El conflicto va unido a la naturaleza humana, nos acompaña allá dónde vamos, entre otras cosas porque lo llevamos en nuestro interior. Cuando hablamos de conflictos personales estamos haciendo referencia a los problemas o dificultades que una persona enfrenta consigo misma o con los demás en diferentes entornos: amigos, la familia, el trabajo etc.

Si atendemos a los problemas que una persona tiene consigo misma decimos que es un conflicto intrapersonal, hablamos entonces de  miedos, baja autoestima, inseguridad etc , por el contrario si éste se produce con más personas con las que no podemos llegar a un acuerdo hablamos entonces de un conflicto interpersonal, en este caso hacemos alusión a discusiones, malos entendidos, cabreos y enfados.

Una de las cosas importantes que nos ayudan como persona en nuestra relación con los demás y en nuestro bienestar personal es aprender a gestionar estas situaciones de confrontación, tanto con los demás como con nosotros mismos.

Partiremos  de una premisa, considerar el conflicto como una oportunidad, para conocernos mejor, para reconocer nuestros sentimientos y los de los demás, por tanto la propia gestión del conflicto tiene mucho que ver con el desarrollo de nuestra inteligencia emocional porque en situaciones de enfrentamiento las emociones están presentes y juegan un papel muy importante. Aparcarlas no sirve de nada porque tarde o temprano van a salir y a demandar su propio espacio.

Es en la familia donde aprendemos a interactuar con los demás y ésta no es ajena a discusiones y desavenencias. Aprender a abordar los conflictos de manera sana y productiva depende de cómo les ayudemos a nuestros hijos a desenvolverse con sus pequeñas discusiones y enfados. Pero ¿cómo lo podemos hacer? Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson en su libro “El cerebro del niño” proponen tres sencillos pasos:

  1. Mantener la calma y reconocer los sentimientos del niño.
  2. Escuchar lo que no se ve, esto es, estar atentos a la comunicación no verbal y enseñarle al niño cuáles son los mensajes que estamos enviando a través de nuestras posturas, gestos y tono de voz.
  3. Ayudarle a llevar a cabo actos que demuestran que ha tenido en cuenta los sentimientos del otro y que quiere encontrar la forma de reparar el daño que haya podido causar.

 

 

 

Fuente: El cerebro del niño

Daniel J. Siegel

Tina Payne Bryson

 

Licenciada en Derecho y Mediadora Familiar y de Menores

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